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Monday, January 31, 2011

Libertad ¿Divino Tesoro? (Parte I)


LIBERTAD ¿DIVINO TESORO?

By Natalia Sampor

(Parte I)

“La libertad es el otro nombre de la actividad creadora” (…)” La libertad moral de cada cual consiste en la participación activa y autónoma en la ola creadora pura, en la cual forma un radio de actividad creadora especial. Libre es siempre la acción y nada mas que la acción y ella es únicamente quien puede ser el apoyo de los valores morales…”[1]

Partiré de la idea que el derecho existe por causa de los hombre: “cum igitur hominum causa omne ius constitutum sit” (Hermog. D. I 52) punto de arranque de la problemática del humanismo jurídico. Eso significa dos cosas: 1- el derecho es obra del hombre y 2- que el derecho está al servicio del hombre.

Entonces se que, el derecho sería obra humana, no solo por que los hombres crearían el derecho positivo, lo que es evidente de suyo, sino por que ninguna dimensión de lo jurídico seria trascendente al hombre; éste seria el creador no solo de las formas jurídicas de vida, sino que el mismo valor de la justicia, la sustancia de lo jurídico, solo existiría en la creación continua de los hombres en su experiencia moral, en la cual viviría como ideal moral, y en su vida de relación que aportaría los contenidos concretos y haría efectivos ideales.[2]


La seguridad y la justicia no son solo los dos valores jurídicos fundamentales, de esta creación humana, tampoco se trata de dos posibles finalidades de la creación jurídica de los términos de una alternativa cuya elección quedase confiada a la decisión del hombre sino que mas bien se trata de las dos dimensiones radicales del derecho, de sus dos estamentos ontológicos, que le trasciende, pero que en él se integran como constitutivo formales, y que, al integrarse en una zona interferente, le hacen ser lo que es; pues el derecho es justicia y es seguridad, pero justicia que solo existe como tal en cuanto esta montada sobre un orden seguro y seguridad que solo es pensable sin contradicciones en cuanto esta transida íntimamente de alguna justicia.

Cuando se la considera abstraída de la seguridad, la justicia es pura idea o virtud del individuo; en el primer caso funciona como modelo ideal, criterio absoluto de valoración, en el segundo constituye una habitud del sujeto. Solo en el derecho la justicia no es idea pura, sino realidad, idea que en la medida que ha sido realizada, y en la medida en que no ha sido, vale como criterio supremo de valoración de las normas jurídicas y de esa realidad que esta constituida por las habitudes de los sujetos, en las que el derecho obtiene su existencia efectiva, y al margen de la justicia, la seguridad sería inauténtica, no seria otra cosa que una pura fuerza dominadora de la existencia, exenta del positivo elemental sentido ético; y solo en su zona de interferencia con la justicia, que es el derecho, es donde la seguridad constituye un orden dotado de intrínseca justificación.

La justicia no consiste solo en un valor ideal expresado en las normas; la justicia tiene una dimensión de efectividad- o no pasa de ser una logomaquia-. Esa efectividad no radica en las normas, que son realidades ideales, sino en la vida social, en las habitudes de los hombres y en las instituciones, en el orden social mismo. El resultado de la efectividad es la instauración de la seguridad.

El derecho a una justicia independiente esta consagrado como fundamento en todos los ordenamientos. Sólo en la medida que ese derecho es eficaz y se arbitran los medios para que así sea, estará justificada la supresión de la autodefensa como medio de dirimir los litigios entre los hombres. (…)”Si el Estado, prohíbe a cada uno tomarse la justicia por su mano, es por que ha establecido los medios para que se haga justicia, o lo que es lo mismo, que el litigio sea decidido por una persona imparcial e independiente.[3] (…)

Se puede resumir en:

a)- en el Estado de derecho la violencia privada se transforma en petición ante la autoridad.

b)- esa petición ante la autoridad constituye un poder jurídico del individuo, pero, es el medio necesario para obtener la prestación de la jurisdicción.

c)- el poder jurídico de acudir ante la autoridad no puede ser quitado a nadie; prohibida la justicia por mano propia, es evidente que debe darse a todo sujeto de derecho la facultad de obtenerlo por mano de la autoridad; privarle de una y otra, sería negarle la justicia misma.[4]

El derecho a la jurisdicción surge identificado con el concepto de acción, concebida ésta como un derecho abstracto, y confiere como un plus del proceso, como el reverso de la medalla cuyo anverso viene constituido por esa prohibición de tomarse la justicia por su mano ahora bien debe completarse necesariamente con el concepto de la jurisdicción en sentido objetivo, que la acción se revela como una premisa esencial de toda la instituciones, el pilar que junto con la jurisdicción sostienen todo el edificio del sistema.

Ahora bien, un punto que suele generar agudas confusiones, aun cuando gozado de un progresivo esclarecimiento en los últimos tiempos, es el de la especie de derechos a la que se alude cuando se habla de derechos humanos y como funciona la jurisdicción internacional en estos derechos en particular.

A primera vista, parece obvio que cuando hablamos de derechos humanos aludimos a situaciones normativas que están estipuladas en disposiciones de derechos positivo nacional e internacional, como los Art. 14 y 18 de la Constitución Nacional Argentina, o en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966. Con esta interpretación los derechos humanos serian primordialmente derechos jurídicos. Pero en los contextos en que la alusión a derechos humanos adquiere una importancia radical para cuestionar leyes, instituciones, medidas o acciones, esos derechos no se identifican con los que surgen de normas del derecho positivo sino que, en todo caso, se entiende que los derechos jurídicos así creados constituyen solo una consagración, reconocimiento o medio de implementación de aquellos derechos que son lógicamente independientes de esta recepción jurídica. Se reclama el respeto de los derechos humanos aun en sistemas jurídicos que no los reconocen y precisamente porque no los reconocen. Por todo ello es que en doctrina se habla de “reconocimiento de derechos humanos” dentro de un sistema jurídico y no de creación de los mismos ya que estos son anterior a cualquier sistema creado y surge con el hombre, por ende es esencial a este, y no se pueden negarlos sin negar a la fuente de su origen, el “hombre” (como especie humana y no como varón).

Si la fuente creadora del hombre es la libertad, si de ella nació el derecho, buscando el valor justicia y que esta se encuentra vinculada intrínsecamente con la seguridad, si gracias a esa actividad creadora el ser humano puedo llegar a crear un sistema nacional e internacional para defenderla, ¿es posible hacerla mas eficaz y abarcativa a todos los sectores de una nación/es?

La respuesta es si duda, sí, entonces llegamos al planteo ¿como hacerlo frente a diferentes obstáculos que se presentan, tanto en el plano nacional como internacional? Y aquí los actores institucionales juegan un rol primordial, ya que lo reclamado actualmente por la sociedad, en todo lugar y en diferentes oportunidad es “acción y respuestas”, reclamos coherentes con lo que representan y medios que poseen, lo cuales recordemos lo anteriormente dicho, fue dado a un sistema para obtener respuestas mas justas y que actualmente esta siendo superado por las demandas y las lentas y tardías contestaciones por parte de los actores responsables.

Si a esta realidad sumamos los órganos que se crean y hombres que continuamente se incorporan al sistema de justicia, pero que no dan respuestas eficaces a los planteos ancestrales, ya que para ello, sin duda primordialmente, requieren de hechos concretos y que para realizarlo es necesarios, entonces, hombres y mujeres de un alto compromiso ético y moral para tomarlos y llevarlos a cabo. Es aquí donde me quiero detener, “llevarlos acabo”, es en este sector donde los sistemas nacionales e internacionales se encuentran estancados ya que los intereses sectoriales corrompen su aplicación, es hora de preguntarse ¿seguimos llenando la tinaja de agua (normas) o a la vez que la llenamos estamos dispuestos a dar de beber a los sedientos (sociedad)? recordando que el agua estancada se ensucia y se llena de restos inservibles teniendo que ser tirada luego y sabiendo que somos partes de los sedientos , es hora entonces de participar y actuar responsablemente, acorde a la necesidad.

N. N. S



[1] Kant- Las tendencias actuales de la filas alemanas, ed. Esp., 1931-pag. 203-204
[2] Legan y Lacambra: humanismo, estado y derecho. Pag. 1
[3] Gonzalez Perez “ Derechos Fundamentales “ Pág. 25-29
[4] Couter. “ Derechos fundamentales protección”

Artículo enviados por: Natalia Sampor
Suscrita como Miembro Invitado de:
Fundación de Estudios de Derecho Internacional
Fundación FEDI
País: Argentina

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