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Sunday, January 6, 2013

La Mediación: Intervención del mediador


Imágenes Cortesía y Sujetas a Derechos de Autor


La Mediación: Intervención del mediador 


By Natalia Sampor / Argentina
Miembro Invitado Suscrito a la Fundación FEDI


Antes de adentrarme en el tema de la intervención del mediador, hare algunas consideraciones necesarias, para establecer el marco, en el cual desarrollare una parte de un tema importante y central del proceso de mediación ellos son: Moral del (lat.moralis), relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia. Deontología - deber-. Ciencia o tratado de los deberes que se considera una rama de la ética, cuyo objeto de estudio son los fundamentos del deber y las normas morales. De un conjunto ordenado de deberes y obligaciones morales que tienen los profesionales. La deontología es conocida también bajo el nombre de "Teoría del deber" y junto con la axiología es una de las dos ramas principales de la Ética normativa.

MORAL Y SISTEMA DE VALORES: 

 Los valores son estructuras objetivas y subjetivas, mediante las cuales la sociedad ha formado históricamente los criterios de orientación en la relación sujeto-objeto, para valorar si un hecho o forma de conducta es buena o mala, útil o perjudicial, deseable o reprobable. El sistema de valores (Fabelo, 2003) articula un entramado social del cual se derivan principios, normas, actitudes, ideales, cualidades, motivaciones, intereses que a su vez se integran y manifiestan de distinta forma en los distintos subsistemas –político, económico, cultural, medioambiental o psicológico-individual- de la sociedad. Son positivos, siempre están orientados a hacer el bien; implicando una creencia de tipo prescriptiva, que trata de orientar la conducta en un sentido determinado. Sirven como marco de referencia para evaluar nuestra conducta y la de los demás. Se derivan principalmente de experiencias significativas, participativas, y no pueden ser inculcados por vía teórica; siendo dinámicos y pueden modificarse en un largo proceso tanto en el plano individual como en el social.

MORAL Y DEONTOLOGIA:

En el proceso de articulación entre el sistema de valores y la práctica concreta, social y profesional, de los grupos humanos, un espacio de mediación significativo corresponde a la deontología. La deontología puede ser entendida como una parte especializada de la ética -ética aplicada- que considera y traduce en normas el aspecto moral del hombre en el ejercicio de su profesión. Puede tener vigencia si los sujetos de la acción moral de que se trate, han participado en su elaboración y los reconocen conscientemente como suyos. Lo deontológico nutre y fortalece lo axiológico, al darle asideros concretos con la realidad comunicativa y sus problemas. Los cuerpos deontológicos, dinámicos y cambiantes, permiten el ajuste incesante del sistema de valores a las transformaciones que tienen lugar en el entorno. Lo deontológico, trátese de códigos o de normas espontáneas y no escritas, permiten a los sistemas de comunicación aprender de la realidad, precisar sus experiencias como parte de un proceso de culturización de tipo ético y profesional.

LA ÉTICA Y LA REGULACIÓN MORAL: 

Lo moral y lo ético se distinguen por tratar de fijar siempre mandatos a la conducta humana, es decir, son medios de regulación de esta. La moral tiene un valor cognoscitivo, un valor afectivo y un valor conductual, ya que proporciona una visión del mundo lo que permite que se interpreten los hechos que ocurren en el entorno; se vincula firmemente con las emociones y sentimientos y trata de orientar de forma práctica el comportamiento, las actitudes y acciones en cualquier área de la vida. La influencia moral sobre la conducta es un fenómeno complejo, que abarca lo social y lo individual, lo externo y lo interno. Se acostumbra a hablar de la regulación moral como la presión social que se ejerce desde un colectivo, comunidad, grupo o sociedad, y que obliga de cierto modo a la persona a comportarse de determinada forma, teniendo presente "el qué dirán", la aprobación o rechazo que pueda recibir su actuación. Aquí el accionar del sujeto viene determinado principalmente por una fuerza externa, lo que no excluye que él comparta las normas a las cuales se somete y que actúe con un determinado grado de convicción.

Por otro lado está la autorregulación moral, que resulta cuando el hombre o la mujer se trazan sus propias normas de comportamiento, a partir de valores y principios internos, y sin obedecer a presiones externas. Es obvio que esta última constituye el ideal de las relaciones entre la conciencia moral y la conducta práctica de los seres humanos. La moral es histórica y es concreta, ocupa un lugar nuclear a la superestructura social en su conjunto, desde el cual informa y a la vez se interpenetra con todo el cuerpo económico, político, social y cultural de la sociedad. Se define la moral como un sistema de normas, principios y valores, de acuerdo con el cual se regulan las relaciones mutuas entre los individuos, o entre ellos ya comunidad, de tal manera que dichas normas, que tienen un carácter histórico y social, se acaten libre y conscientemente, por una convicción íntima, y no de un modo mecánico, exterior o impersonal.( Sánchez 2001).

EL MEDIADOR Y LA ÉTICA: 

Siguiendo el lineamiento esgrimido en términos generales, podemos concluir que los mediadores deben ser: honestos y sin prejuicios, actuar en buena fe, ser diligentes, y no buscar el avance de sus propios intereses al costo de los intereses de las partes. Las mayores responsabilidades de los intermediarios son:

 1. Una obligación de permanecer imparcial y mantener "independencia de todo favoritismo o preferencia, ya sea de palabra o de actos, y un compromiso deservir todas las partes a diferencia de servir a una sola."

2. Asegurarse de obtener el consentimiento informado de las partes, para garantizar que ellas entiendan la "naturaleza del proceso, los procedimientos, el rol particular de la persona neutral, y la propia relación de las partes con el mediador."
3. Tiene que revelar los límites (si es que los hay) de su deber de confidencialidad, y un compromiso de mantener secreto de lo oído.
4. Evitar conflictos de interés, o la mera apariencia de ellos.
5. Implementar el proceso en el tiempo debido.
6. Asistir a las partes en un proceso que puedan percibir como propio y un acuerdo que van a sostener como suyo propio, y en el cual el neutral "no tiene ningún interés encubierto. “En casos especiales, se espera que el neutral sepa considerar y poner a consideración de las partes los intereses de partes que no están representadas en la mesa de negociación, pero que deben ser incluidas.

También es importante que el mediador acepte solamente aquellos casos para los cuales esté preparado, en términos de conocer tanto el procedimiento como la sustancia del caso; que esté siempre aumentando su capacidad profesional y que ayude a los nuevos profesionales en el campo de la resolución de disputas. Se requiere de los mediadores que planteen al principio del proceso cual es la base para su compensación u honorario. No se debe recibir compensaciones monetarias por la derivación de clientes a la mediación. Cuando hay varios mediadores involucrados, deben mantenerse al tanto con la información necesaria y tratarse con cordialidad. Se puede hacer alguna publicidad de los servicios de mediación ofrecidos, pero no se puede prometer ningún resultado a ninguno de los lados. Es imposible tener reglas para todos los casos, y hay veces en que inevitablemente se encuentra alguna tensión. Esto es porque hay dos criterios que están oponiéndose, donde si uno es respetado, el otro debe ceder. Si un mediador se atiene a la confidencialidad más estricta, entonces no podría proteger a partes no representadas de algunos riesgos. Estas dudas tienen que ser resueltas privadamente aplicando el buen juicio. Siempre que hay una conducta, hay que suponer que se han tomado previamente decisiones basadas en criterios de valor o utilidad, y estas decisiones afectaran inevitablemente en el futuro a la configuración de poder de los sistemas sociales envueltos. Siguiendo este criterio, la práctica de intervenir en conflictos revela siempre algún tipo de apoyo, ya sea por una de las partes, o por un resultado determinado, o por una clase especial de intervención, en este caso la mediación. Al llegar las partes a la mediación, por estar envueltas en el conflicto creado, ya han movilizado sus apreciaciones éticas acerca de que es justo o injusto en la situación que los preocupa, y en base a eso han tomado posiciones. Es en estas situaciones donde hay que preguntarse por el impacto ético de la intervención mediadora.

Ética se define aquí como a un sistema de criterios para determinar la elección correcta del curso de acción. La unidad básica dela ética es el acto individual seleccionado de acuerdo a estos criterios. La ética trata de investigar estos criterios, a veces inconscientes, y clarificarlos adecuadamente para que puedan ser aplicados de manera consistente en la evaluación de la conducta propia.

El impacto indudable del mediador se fundamenta en su poder proveniente de atributos personales, organizacionales, u originados en la situación específica. Aun cuando pretenda ser totalmente neutral, esto es imposible, ya que no es inexistente, y algún impacto deseado o no deseado tendrá. Dentro de este marco, la pregunta ética aparece: ¿qué tipo de rol deseamos para el mediador? ¿para quiénes? ¿para qué procesos, y con qué finalidad? La ética del mediador se evalúa estudiando la respuesta a las siguientes preguntas: qué tipo de criterios lo llevaron a seleccionar un tipo determinado de intervención? a tomar decisiones, a lo largo de sus intervenciones? Estamos encuadrando las decisiones tomadas por el mediador a lo largo del proceso como generadas dentro de un marco más amplio, que es el conjunto de valores, supuestos básicos y filosofías acerca de la conducta humana, que la persona se ha formado a lo largo de su desarrollo. No hay conductas porque sí, todas provienen aunque sea de manera rutinaria u obscura, de cierto procesamiento de información hecho en base a preferencias y valores. Aun conductas habituales como el comer o dormir están enmarcadas dentro del valor de preservar la vida o supervivencia.

Visión General del Conflicto: 

Los conflictos son parte inevitable de la interacción humana, y ocurren a todos niveles: intrapersonal, interpersonal inter-grupal e internacional. Se puede definir al conflicto como una competencia en aumento de dos o más partes que definen a sus objetivos como incompatibles, y cuyo objetivo, entonces, es neutralizar, destruir o posponer la ventaja de la otra parte. Las peleas por el poder o cualquier tipo de recursos definidos como valiosos o escasos constituyen el centro de todos los conflictos sociales. El encuadre general para esta definición de conflicto es la visión de un universo con recursos limitados, donde la ganancia de una parte constituye perdida para la otra.
En términos de Fischer, este es el enfoque llamado "ganar/perder. “Escalar el conflicto usando violencia aumenta el gasto de recursos que las partes deben hacer para mantener la intensidad de la confrontación. Es esta razón la que hace preferible la negociación o mediación, dado que de esta manera no sacaba gastando más recursos que los que el conflicto inicial necesitaba. La intervención de un tercero también puede asegurar una distribución de los recursos más igualitaria. No todos los conflictos se pueden resolver, y no todos los conflictos pueden ser procesados de modo no violento.

El peso de algunas variables, tales como quienes la parte que está manejando más poder, y que recursos se quieren ganar o mantener, son definitorias. La intervención del tercero está dirigida a transformar el proceso conflictivo, influenciando su resultado hacia lo que el tercero considera más deseable. Cada acto de intervención altera el equilibrio de poder, y por lo tanto todo interventor está abogando por una parte, o por un resultado, o por un proceso. Cuando se está abogando por el proceso, como ser por el proceso de mediación de los conflictos, el supuesto básico subyacente es que dado un proceso adecuado, se tendrá un resultado que responde mejor a las necesidades de las partes, y que va a ser de larga duración. Desde este punto de vista, la intervención es "neutral," solamente desde el enfoque técnico del interventor, quien aplica técnicas reconocibles a un problema de manera objetiva. El propósito de la intervención es ayudar a la solución, sin fijarse en cual es el tipo de ayuda ofrecido: puede ser conseguir paz entre las partes; resolver el conflicto; o reforzar el poder de ambas partes para enfocar mejor el desacuerdo, o mejorar el proceso de toma de decisiones mientras se trata de resolver el diferendo.

Cualquiera sea el caso, el mediador tiene límites que definen cuales son los resultados aceptables de su intervención. Un mediador profesional no puede aceptar una situación en la cual cada intervención acabe en un impasse, un resultado de tipo ganar/perder o violencia entre las partes. ¿Existen otras maneras de enfocar el conflicto? Algunos teóricos lo ven como innato, lo cual demandaría solo control y coerción de parte del tercero interviniente. Si el conflicto es el resultado de mala comunicación y otros “accidentes" del lenguaje, entonces el foco de la intervención debería ser decirla verdad, proveer información y pensar de manera lógica y clara. Si el conflicto es natural y predecible, entonces lo que hace el mediador es ofrecer mayor conocimiento científico del proceso para educar a las partes en métodos para manejar mejor lo inevitable. Esto nos dice que las intervenciones del mediador dependen y provienen del encuadre o filosofía sobre las causas del conflicto que la persona misma posea. Es en este sentido que se dice que el mediador busca y alienta una solución que le sea aceptable dentro de su propio marco de ideas.

La neutralidad del mediador: 

El concepto de neutralidad del mediador es clave en este enfoque. Hay cuatro elementos incluidos en la neutralidad:
a) bajo o nulo poder real sobre las partes
b) alta credibilidad;
c) enfocar el proceso y no el resultado;
d) es importante proveer racionalidad e información adecuada.

¿Qué necesita el mediador? : 

De aquí sigue que un interventor es una persona con un conjunto de valores y objetivos, una base estructural (su desarrollo personal, clase social, educación, etc.); sus habilidades; expectativas formales o informales acerca de su rol; mayor o menor comprensión de la naturaleza de su rol; que tiene su nivel de influencia personal y sus limitaciones. Todos estos elementos configuran de modo individual la conducta de un mediador particular. El punto de partida década mediador, entonces, deberá ser un auto-examen profundo de estos componentes de su rol, y un análisis de las oportunidades y limitaciones que tiene para desempeñarse en situaciones de conflicto. Para repetir el punto central, todos los mediadores abogan por un interés. ¿De modo que la pregunta que siempre tenemos que hacer es: a quien y a qué servimos con nuestra vocación? Hay una gran diferencia entre los objetivos que promovemos: ya sea paz, mayor poder a los pobres, resolución de conflictos, igualdad, desescalada, cohesión social, reconciliación, el ganar, la verdad o el provecho propio. El único modo de cumplir con este requisito es mantener incontinuo sistema de evaluación de los propios valores éticos. Los valores éticos individuales reflejan y perpetúan los valores sociales aprendidos a través del proceso de socialización que la familia, la escuela y demás instituciones apoyan y promueven. El término exitoso de ese proceso es la internalización de los valores comunes y su práctica a nivel del individuo. De esta manera, practicas individuales como la conducta ética se reflejan y amplifican en las normas éticas de un grupo profesional y su práctica, y dichas conductas están en concordancia con los valores de la sociedad en general, en una constante comunicación y mutua influencia. Hablando en general, para que haya prácticas éticas, una vez elegidos los valores sociales, estos deben ser activamente practicados y tematizados dentro de una definida cultura. Esto implica que los valores son mencionados, discutidos, reclamados y respetados por las personas, para sí mismas y vistos como la norma aceptada para regir las interacciones de la vida cotidiana. Tiene que haber una correlación entre los valores mencionados a diario y los aceptados como normas que rigen válidamente la interacción social más amplia. Aquellos valores solamente declarados pero no encarnados en la práctica diaria son ineficaces para regir y modelar las interacciones entre personas.

II. La confidencialidad: 

Asegura que toda la información procesada quedará en secreto. El mediador no puede revelar los particulares de la mediación a nadie. La excepción, es la obligación de declarar a las autoridades información acerca de casos de violencia o abuso contra menores. En estos casos, la obligación del mediador es advertir a las partes que su confidencialidad no podrá ser mantenida. Para mantener este principio, los mediadores ofrecen a las partes la firma de un contrato en el cual las partes aceptan no pedir que el mediador sea forzado por la ley a declarar en ningún juicio de ellas (en ARGENTINA).

III. La imparcialidad: 

Un mediador debe permanecer imparcial hacia todas las partes. Esto significa no tener favoritismo o tendencia, ya sea por palabras o hechos, hacia un lado y un compromiso de servir a todas las partes y al proceso, en vez de servir los intereses de una sola de las partes.


DILEMAS ÉTICOS DE LA MEDIACIÓN: 

 El valor básico ofrecido por el proceso de la mediación reside en aumentar la capacidad de las partes para hacer decisiones que beneficien tanto su situación actual como la futura. Es en este sentido que se dice que el mismo proceso de mediación tiene que ser una experiencia educacional, que enseñe a las partes nuevas maneras de identificar sus intereses, representarlos inteligentemente y llegar o no a acuerdos donde se los respete.
Aumentar los grados de libertad individual para hacer decisiones que mejoren la propia vida es un proceso constante que es estimulado a todos los niveles de la sociedad. Intervenciones del mediador para ordenar el proceso: Las mayores responsabilidades de los intermediarios son:
1-Una obligación de permanecer imparcial y mantener "independencia de todo favoritismo o preferencia, ya sea de palabra o de actos, y un compromiso deservir todas las partes a diferencia de servir a una sola."
2-Asegurarse de obtener el consentimiento informado de las partes, para garantizar que ellas entiendan la "naturaleza del proceso, los procedimientos, el rol particular de la persona neutral, y la propia relación de las partes con el mediador."
3-Tiene que revelar los límites (si es que los hay) de su deber de confidencialidad y un compromiso de mantener secreto de lo oído.
4-Evitar conflictos de intereses, o la mera apariencia de ellos.
5-Implementar el proceso en el tiempo debido.
6-Asistir a las partes en un proceso que puedan percibir como propio y un acuerdo que van a sostener como suyo propio, y en el cual el neutral "no tiene ninguna interés encubierto. “En casos especiales, se espera que el neutral sepa considerar y poner a consideración de las partes los intereses de partes que no están representadas en la mesa de negociación, pero que deben ser incluidas.

También es importante que el mediador acepte solamente aquellos casos para los cuales están preparado, en términos de conocer tanto el procedimiento como la sustancia del caso; que está siempre aumentando su capacidad profesional y que ayude a los nuevos profesionales en el campo de la resolución de disputas. Es imposible tener reglas para todos los casos, y hay veces en que inevitablemente se encuentra alguna tensión. Esto es porque hay dos criterios que están oponiéndose, donde si uno es respetado, el otro debe ceder. Si un mediador se atiene a la confidencialidad más estricta, entonces no podrá proteger a partes no representadas de algunos riesgos. Estas dudas tienen que ser resueltas privadamente aplicando el buen juicio.
BIBLIOGRAFÍA:*Abbagnano, N. Diccionario de Filosofía. La Habana. Edición Revolucionaria.1973


Artículo enviado por:  Natalia Sampor / Argentina
Suscrita como Miembro invitada de la Fundación FEDI


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